Desde marzo de 2020 hemos tomado más conciencia que nunca de la importancia de un sistema inmunitario fuerte. Mucho se ha hablado sobre las medidas preventivas para evitar contagios, pero a día de hoy, aún existe poca información respecto a qué hacer para mejorar nuestras defensas.

¿Qué es el sistema inmunitario?

A grandes rasgos; nuestro sistema inmune es un conjunto de procesos biológicos que protegen nuestro organismo de diferentes agresiones externas e internas. Las agresiones externas pueden ser de carácter vírico, bacteriano o químico. Nuestras defensas detectarían el patógeno u elemento invasor y atacarían a esos “intrusos” que podrían destruir nuestra homeostasis (equilibrio en las funciones corporales).

Muchas partes de nuestro cuerpo están involucradas en estos procesos: la piel, el pelo, la microbiota intestinal, etcétera. Pero las células que componen principalmente este sistema serían los linfocitos B y T, neutrófilos, fagocitos y leucocitos. Se forman en órganos como la médula ósea, el bazo, el timo, los ganglios y vasos linfáticos o las amígdalas. 

Sin embargo, no existe un solo sistema inmune; está el innato, el cual es heredado y con el que nacemos, y otro adquirido que se forma con la ayuda del sistema innato. Este se construye mediante el contacto con bacterias y microorganismos presentes en nuestro entorno o exponiéndonos a ellas, por ejemplo, mediante la inoculación de vacunas. Hasta aquí todo bien, pero, ¿qué  podemos hacer para reforzarlo de manera natural?

Cómo reforzar nuestro sistema inmune en 4 pasos:

  • Deporte: uno de los pilares básicos para el buen funcionamiento de nuestra salud en general es, también, una de nuestras grandes bazas para evitar sobrecargar a las defensas. Son varios los frentes en los que nos influye positivamente el ejercicio y  la actividad física habitual: 
  1.  Aumenta la temperatura corporal, con lo cual impide que se extiendan infecciones y el crecimiento bacteriano. 
  2. Disminuye el estrés y está científicamente comprobado como el distrés (o estrés “perjudicial”) afecta negativamente al funcionamiento de nuestro sistema inmunitario debido a la segregación de cortisol. 
  3. Fomenta la ventilación de nuestros pulmones y evita que se adhieran virus y bacterias en nuestras vías respiratorias.
  4. Hace que circulen con más rapidez los leucocitos, con lo cual combaten antes los  agentes invasores.
  • Alimentación: el otro pilar fundamental para tener una salud de hierro: nuestra nutrición es, sin lugar a dudas, esencial para aumentar nuestro sistema inmune adquirido y potenciar el trabajo del innato. 

Existen muchos mitos, pero hay puntos verificados: la ingesta calórica debe de ser adecuada para la envergadura corporal, edad y nivel de actividad. Una ingesta muy superior a la necesaria  aumentaría el riesgo de obesidad, pero una ingesta inferior a las 1200 calorías diarias está íntimamente relacionada con un debilitamiento inmunitario. Por lo tanto, el primer punto a tener en cuenta es: comer lo suficiente.

Pero más importante que el número de calorías es de donde proceden, y es que de nada sirve consumir la energía necesaria si proviene de una alimentación poco útil o baja en densidad nutricional. Por lo que hay que aumentar vegetales y verduras. Es necesario que sean siempre una parte considerable de nuestra alimentación. Otro punto relevante y comprobado es el consumo suficiente de grasas. Pero, nuevamente, estas deben de ser de fuentes saludables como: frutos secos, semillas, pescado azul o aceites no refinados como el de oliva o coco.

Y por último, y un apartado algo más controvertido sería el del uso de los probióticos. Aunque hay estudios suficientes para decir que ayudan al funcionamiento gastrointestinal. Por ello, mejoran las defensas, y es bueno conocer que cepas en concreto son las más adecuadas para este fin, ya que no todas resultan efectivas para lo mismo. De igual modo, tomar probióticos en nuestra dieta diaria puede ser enriquecedor para nuestra flora bacteriana y ayuda a formar una buena protección: kéfir, yogur, kombucha, chucrut y otros fermentados son fuentes de bacterias beneficiosas y al alcance de todos los bolsillos.

Otros casos

  • Suplementación: Es cierto que si tenemos una dieta adecuada y bien densa en cuanto a nutrientes, la suplementación no es necesaria excepto casos particulares. Pero debido a lo complejo de sostener esa alimentación en nuestra apresurada vida diaria no todo es tan sencillo. Hay distintos complementos alimenticios sobre los que existen estudios que probarían ser un empujón para nuestro sistema inmunitario. Además, cuando estamos transitando por una infección, son un plus para acompañar a nuestras defensas a la hora de luchar contra el patógeno, por  lo que, aunque no los incluyamos habitualmente en nuestra dieta, es recomendable añadirlos en momentos en que estamos pasando por un proceso infeccioso.

Las vitaminas y minerales a tener más en cuenta a  la hora de suplementar son: vitamina C, vitamina D, zinc, magnesio, N-acetilcisteína, Omega 3, selenio y probióticos específicos para esta área.

Consulta con tu farmacéutico sobre los más idóneos para tu proceso.

  • Relajación: por último, pero no menos importante, colocamos el descanso. No solo es esencial dormir las suficientes horas de sueño cada día, sino que también debe tratarse de un sueño reparador. ¿Cómo logramos esto?, bajando los niveles de cortisol en nuestro organismo. Esto puede conseguirse modificando hábitos como la práctica deportiva, meditación, eliminar el uso de  pantallas o dispositivos electrónicos a partir de la tarde, el uso de melatonina… como también la ayuda de la fitoterapia para  gestionar las tensiones de nuestro día a día.